Todos estamos solos a veces.

Estar solo es parte de las condiciones necesarias de ser humano. Es la constante memoria de un posible porsiempre lo que hace que se transforme en algo incorrecto la sonrisa ensayada que ofreces para asegurarles que todo marcha bien, pero que sabes que nunca va a estarlo.

Hay una idea de que los hombres pensamos en sexo todo el tiempo. Quizá sea verdad en otros, pero yo siento que cada vez lo es menos. Después de un tiempo dejas de fantasear de la forma que otras personas suelen hacerlo. Claro, lo puedo concebir abstractamente, viendo un performance estilizado en imágenes, en privado, mientras uso la mano para terminar sin alegría una sombra de esa necesidad biológica, pero lo que antes era protagonismo es ahora de manera enfermiza la proyección de un acto ajeno.

Si acaso intento imaginar los actos y detalles de una fantasía íntima, todo se derrumba por lo absurdo cuando llego a querer intervenir. Llega la conciencia, imposible de ignorar, de que no existen circunstancias en las que yo pueda participar.

Eventualmente me di cuenta que ni siquiera vale molestarse en construir esas imágenes, solo para verlas desvanecerse. Así que objetizo todo, enfocándome en escenas sencillas y banales. Rasco en el fondo de los recuerdos para hallar memorias del roce de una mano femenina junto a la mía. Estupideces cotidianas como ver películas sentados juntos, platicar sobe espadas con alguien que tenga paciencia, aunque lo que diga le importe un carajo.

Y llego a otro obstáculo: ella debe de mantenerse vagamente definida en mi  mente, porque si la proyecto con claridad, su realismo me lleva a asumir que la terminaría hartando, la dejaría gastada.

Then you realize that you’re fantasizing about a comic version of yourself for an undefined feminine projection, and you realize that even the part of you that creates these images doesn’t want to be with you and can’t imagine anyone who might.

Lo que queda es una bodega mental repleta de insatisfacciones y arrepentimientos, una donde siempre puedo atascar más. De cuando en cuando me pongo a sumar el tiempo que llevará perder peso, arreglarme los dientes, aprender a manejar, terminar alguna de las carreras que empecé y de las cuáles nunca logré tiularme, y me doy cuenta que la suma de todo esto  es un número muy grande. Todos nos queremos contemplar como si eternamente tuvéramos veintidos, pero en algún punto nos vemos obligados a admitir que en realidad son treinta y seis; que la mitad de mi vida ya pasó, y que lo que resta no suele ser la parte en la que la gente aprende a descifrar cómo funciona esto de las citas y el romance.

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Acerca de Lokuzt

Overweight, bitter nerd who loves swords
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